domingo, 16 de noviembre de 2014

...sube el volumen...


Esta mañana, al despertar, alguien ha sustituido mi cerebro por un cascote de escombros que me oprime los globos oculares hacia fuera. Camino con dificultad sin saber bien qué hora es y bajo a la cocina. Sara intenta hacer un café y por sus movimientos detecto que también ella está provista con su escombro cerebral correspondiente. No articulamos palabra recibiendo en los ojos doloridos el sol de invierno que entra casi horizontal por la ventana.
_Me muero
_Yo me muero mas

Hemos ido a ver a Vero, compadeciéndonos de ella, que habría tenido que abrir el bar temprano por la mañana. Pero la juventud tiene esas cosas, igual que es injusta para otras, y nos esperaba perfecta, detrás de la barra.
_Vamos abuelas, hora de despetarrrrrrr _ y sube la música aprovechando que está sola en el bar, tirando sobre nuestras cabezas “Start me Up” a volumen inhumano mientras deposita sobre la barra dos copas de vermouth blanco con aceituna, sin preguntarnos.

Nos dejábamos morir poco a poco cuando apareció Olaf, portando un tono verdoso bastante conseguido.
Nada repara tanto como el sufrimiento ajeno.

Hoy el invierno se empeña en regalarnos un día precioso, perdido casi en su totalidad bajo una resaca vergonzante. Aun asi,  hemos decidido armarnos de valor y salimos a dar una vuelta. Casi sin querer, nos vamos acercando a la fábrica de hielo, el viejo edificio de ladrillo y piedra que lleva junto al río cerca de una centena de años sólo contemplado por los galápagos que corren a sus pies de cuando en cuando.

_Está todavía convaleciente ¿verdad?_ Sara señala a Olaf, que nos precede por el camino.
_ …
_ Olaf, digo, está recién separado, según me ha contado
_ A si..., No se, no me preguntes. Algo me ha dicho por encima.
_ Ya.... y su ex se llama Rosario, según contó mientras estabas anoche en el baño
_ ¿Rosario?.... si...Charo..., no se
_ ¿Como Charo? Rosario me pareció entenderle
_ Rosario..Charo ¿qué mas da?_ me cuesta seguirla y me duele la cabeza. Los ojos no se me han salido aún de la cara pero siguen intentándolo_ De todas maneras se ha ido a Buenos aires ¿no? Creo que es argentina.
_ Si... se ha ido a Buenos Aires..., pero no es argentin-a, se ha ido a Buenos Aires y es argentin-o.
Me está impacientando, no la entiendo
_ ¿Cómo qué argentino? ¿Hablas de Olaf?¿qué me estás contando?
_ Te estoy contando lo que me dijo anoche cuando estabas en el baño, en medio de la borrachera. Que su ex se llama Rosario, Rosario y no Charo, y se ha vuelto a Buenos Aires porque es ar-gen-ti-no. Pensé que lo sabías. Nunca lo hubiera dicho de él.

El reloj se para, los ojos insisten en salirse de mi rostro, y frente a mi pasan  todas las delicias que aun no me había atrevido siquiera a imaginar, corporeizadas subitamente en  su despedida : su perfil rosa, sus canas revueltas, su enorme espalda, sus piernas largas, su boca suave, sus palabras incendiarias, dejando todo ello el cruel espacio de las manos vacías.

Ya no hay grillos, no hay nada..., vuelvo a estar sóla, con la espalda desprotegida y fría. Vuelvo a sentir la mirada de los gatos muertos en las cunetas sobre mi persona.

_ Ni yo.









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