martes, 9 de diciembre de 2014

CATARSIS VERSUS GRAND THEFT AUTO 5


Mis pinos siguen ahí, inamovibles, impasibles ante mis cuitas, que se desarrollan entre los delfines y su anatomía abdominal, los pinos siguen ahí, porque así ha de ser. En este mundo donde la mayoría de las cosas están fuera de sitio, o aberradas por alguna oscura intención, los pinos siguen ahí, y les importamos un pepino, hacen bien.

Mi nómada inventada se ha ido a Noruega, siguiendo la necesidad que su ombligo de delfín le marca, la impronta de la que cuelga su vida sin ella saberlo, pero con la sensación permanente de ser un personaje de frontera, ni aquí ni allí, o aquí y allí, pero a deshora, como llegar al cine con la sala desierta. Y ella sola se va colocando en ese mundo que se va creando a su alrededor, para que viva y se mueva en el, para que pueda contar lo que le va ocurriendo, en su búsqueda perpetua. La imagino, la sueño, poco a poco, mientras sus rasgos se van haciendo presentes, como si la viera lejos, de espaldas, y lentamente fuera volviéndose hacia mi, mostrando su rostro, difuminado todavía, su forma de moverse, de mirar, de apartarse el pelo de la cara. No acaba de volverse del todo. Todavía no me concede el regalo de sus rasgos, pero ya la intuyo, intuyo la fuerza que la ha llevado allí, el esfuerzo, la incertidumbre que viaja con ella, el desasosiego de los que nunca tienen la sensación de estar donde deben estar, y mira por la ventana de una modesta cocina, viendo un puerto escandinavo, diminuto, en medio de la vorágine marina cuasi polar, donde la vida bullendo en medio del frio y de la brutal naturaleza parece una broma de supervivencia absurda, como ella misma.

Y empiezo a escribir:



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