domingo, 15 de febrero de 2015

Si no tuvieras miedo..¿qué harías?



Los dias siguientes se han convertido en mi recuerdo en un marasmo de sensaciones sin orden ni concierto, envueltas en la higiene mental de la ausencia de culpabilidades, parecida a la sensación de ponerse una camiseta limpia después de la ducha. He saltado la tapia de las convenciones, y, para mi sorpresa, no he caido al abismo, tan sólo al prado colindante.

Convertido el sexo en una actividad cuasi deportiva que no implicaba mas que una mínima coordinación de tiempos convenidos, mi cuerpo ha ido desperezándose después de un montón de años de someterlo a la disciplina de los compromisos.

Sara detecta mar de fondo por alguna partícula no adecuada en la forma en que Hugo me habla, o en la que yo paso a su lado, pero no sabe bien cómo interpretarlo, ni cómo abordarlo conmigo sin parecer una abuela resabiada.
_ Qué, sin novedades, verdad?_ me mira significativamente, y yo subo las cejas y arqueo hacia abajo los labios....mientras niego con muy poca convicción.
Se me queda mirando....no sabe si atreverse, y a mi me da la risa floja...._ Sara, por favor..., no me riñas por esto.
_ No, si no te voy a reñir, ya sabes tú muy bien qué es lo que pasa. El batacazo te lo vas a dar tú sola_ me mira como no conociéndome_ Pero cómo se te ocurre...tienes mas de diez años que él...., por Dios, parecería una travesura si no fuera una gamberrada...._ dejo pasar la tormenta sobre mi cabeza_ comprederás que me da igual con quien te vayas a la cama, pero te vas a hacer daño. Mira que intenté ponerte al día de lo de Olaf, por lo mismo, y ahora te metes tú solita en semejante jardín.
Me da la risa floja, no puedo parar, después de meses de apretar mandíbula, por fin me suelto, se me ablandan las piernas, lloro de risa, ante el estupor de Sara, que por un momento cree que me he vuelto loca, pero no, ella sabe que no, que sólo estamos intentando salir del terror, y me da un cachete, y me deja partiéndome la caja en medio de la cocina.

Durante aquellos días todo el mundo se ha convertido en un crisol donde yo me miro, desde donde encuentro diferentes gestos cuando intuyen mi relación con Hugo, a pesar de que, sin acuerdo alguno, se mantiene en el mas absoluto anonimato, a pesar de que sólo nos miramos cuando estamos en la cama, sin embargo algo debe flotar alrededor, algo que Olaf ha detectado, algo que tuerce su dulzura habitual en gesto dolido cuando se dirige a Hugo. Nunca pensé que él le gustase,  parece que nos vamos encontrando en cada recodo del camino en cuanto a hormonas, hay que ver.

Aquello consistía en estar todo el día con una leve contracción en el útero, con una permanente sensación de humedad allí donde desde hacía meses no había mas que la mirada de los gatos muertos de las cunetas.
Hugo se ha vuelto una imagen recurrente,  un gesto preorgásmico continuado, que se perpetuaba en mi cabeza, confundiendo la necesidad de saber de él que maldito lo que me importaba, con la urgencia de su mano caliente, o de su impetuoso vaivén.
Asi transcurre febrero, ajenos a la luz blanca y horizontal con que nos envuelve.
Y Olaf, se ha ido volviendo, con el tiempo, hosco, en contra de su dulce naturaleza, fabricando un castigo con el que se tortura y en el que me incluye, es curioso, siendo Hugo el responsable de todo este desaguisado.
Febrero ha pasado sin conciencia, sin principio ni fin, dejándolo todo movido, como un cuarto que se estuviera ventilando sin sentido del tiempo, entre urgencias hormonales y vientos que han cambiado de sitio hasta los elementos del paisaje.

Olaf se ha dejado ver muy poco por casa ultimamente. Y solamente disfruto de su compañía, tan necesaria para mi, durante las clases en la calle y los trabajos de acondicionamiento del local, al contrario que Hugo, que se pasea por mi persona casi con mas desparpajo que yo misma. Así es que peno por el mundo arrastrando esta especie de identidad parcelada que me ha nacido entre mis necesidades intelectivas y  hormonales, dedicándome a la complicada tarea de cubrirlas sin desmembrarme yo con ellas.

Y descubro a Olaf mirándome a veces....no se..., como valorándome de lejos...probablemente intentando entender qué parte de mí es la que ha hecho que Hugo haya cruzado de nuevo el puente, en vez de quedarse en la orilla desde la que él habría tenido alguna oportunidad después de la marcha de Rosario.

Y yo misma me miro, también de forma clandestina y perpleja ante el interés que alguien diez años mas joven pueda encontrar en los rasgos de mi persona. Y no acaban de convencerme las pragmáticas explicaciones de Hugo referentes a simbiosis, crisis relacionales, y demás zarandajas entre las que me encuentro permanentemente en inferioridad de condiciones.
Febrero va pasando, barriendo el universo a temporales, y yo voy aprendiendo a ser alguien insospechado. Descubriéndome en constorsiones sin mucha conciencia bajo las prácticas de Hugo, que se divierte a mi costa mientras me demuestra que soy multiorgásmica. Mientras me quita esa piel que me ha cubierto todos estos años, de europea blanca y burguesa con prácticas sexuales respetables. Aquí ya no entra la suegra a compartir verdades supuestamente universales, porque me he ido de la parte respetable del sistema y he entrado con él en la zona golfa, en los trios sexuales, en la duda ante la posible bisexualidad. ¿Hasta donde la garantía de la propia tendencia cuando otra mujer en la cama es capaz de excitarme?

El tema del trio fue algo largamente discutido, hablado, debatido. Sobre todo porque no era una idea que se me hubiera ocurrido a mi , y la propuesta por su parte me sonaba mas a terapia contra la burguesía que yo pudiera todavía arrastrar, que paso a la siguiente pantalla en aquello en lo que nos habiámos embarcado.

Después de tantos años de razonabilidad, de seguridades con respecto depende que, de falta de incertidumbres sobre cosas vitales, la última semana se había convertido en un volver a los quince, donde la sensación de vacío en la boca al escuchar Je T'aime Moi Non Plus en la discoteca donde el miedo a que alguien se acercara a pedirte un beso, el miedo a la sensación nueva, a la saliva fría y ajena, y el dolor sin remedio de ver que el objeto de tus deseos se morreaba con una veraneante de Burdeos, que había llegado la semana pasada. Otra vez, de pronto, treinta años después, la duda, el miedo, y también, qué demonios, la fascinación, por fin fuera garantías y seriedades, por fin la vida volvía a ser la aventura maravillosa de los quince años, donde poder esperar cualquier cosa al final de  la tarde.

Y en resumen, navegar en el miedo, miedo a decir si, miedo a decir no, miedo a disfrutar, a sufrir viendo cómo tocaba a otra, miedo, miedo, miedo, miedo....por fin algo real.

Fue un sábado
Había quedado con ellos en el local, que a estas alturas estaba prácticamente acondicionado para que albergar a nuestro visitantes okupas. Había acabado de comer, y llevaba unas herramientas que quedaban todavía en casa. Casi de noche, todavía los días eran extremadamente cortos y después de un ligero sol de mañana, había entrado temporal por lo que bajar hasta allí fue un recorrido lleno de viento helado, de ruido de ramas y olor a campo en invierno. Recorrí el borde del muro de piedra que acababa en la puerta del local. 
Dentro sonaba Savannah Beach .

Afortunadamente  hacía calor, Hugo había estrenado la salamandra que le bajaran unos vecinos dias atrás, y aquello, después de haber sido una ingrata nevera todas estas semanas, por fin, hoy se había convertido en un lugar absolutamente acogedor.

Escuché ruidos dentro, pero Hugo me dijo que Manuel no estaba, posiblemente se habían dado una tregua, un poco de tranquilidad después de la marejada que les envolvía ultimamente, y entonces apareció. Se llamaba Laura, y tendría unos diez años menos que yo. Al momento intuí que allí no estábamos de forma casual. Lo ví en la forma valorativa en que Laura me miraba, en la atención divertida que Hugo me prestaba, en la no se porqué sensualidad que de pronto me pareció que lo envolvía todo.

Nos sentamos en el sofá, junto a la estufa, al amor de la única lámpara que estaba encendida, y Hugo trajo unas copas y una botella de vino.

Un poco de charla intrascendente, y despues de un par de copas un devenir continuo de miradas mas o menos disimuladas, o provocativas, o todo a la vez, porque Hugo, sentado entre las dos, me acariciaba el interior de los muslos haciendo que me tensara dulcemente. Me besó repentinamente y mientras pude vislumbrar que acariciaba a Laura entre las piernas. 
 
Establecer un cuaderno de viaje para estas cosas es un imposible, como atrapar el ruido del aire, o un poco de niebla. Se que, en algún momento, aparecimos en el colchón, sin ropa y sin modales. Mientras hugo, echado, comía mi sexo, sentí curiosidad por el tacto de la piel de Laura, ella ya me estaba tocando por vez primera toqué unos pechos femeninos, y un abdomen, y bajé hasta su sexo, y estaba caliente y suave. Y busqué su clítoris, y me excité cuando la sentí gemir al contacto de mi mano. Noté a Hugo que me hacía girar de espaldas y por encima de mi me penetraba, pero antes colocó a Laura entre los dos, con lo que nosotras nos acariciábamos. Un juego y otro mas. A estas alturas Hugo me había hecho eyacular tres o cuatro veces y la caricia del clítoris se había quedado como un recuerdo, sabiendo que el orgasmo llegaría en cualquier momento. Fue después cuando se descabalgó de mi, y se acercó a Laura, dejándome momentaneamente fuera de juego. Fue como caer por una pendiente. De pronto no supe qué hacer, no supe donde colocarme, qué hacer. Para entonces él follaba con ella, la mantenía penetrada contra la cama, y yo desde fuera de ese círculo, ví como ella atrabapa toda su atención, sólo la miraba y la penetraba, y yo sentía que me iba por un agujero, que no quería estar más alli, sintiéndome morir de miedo, de soledad, mientras miraba su espalda moverse convulsamente.....hice ademán de salir de la cama, de alejarme de ellos, pero Hugo me agarró del brazo, sin dejar de penetrarla, me miró, me atrajo hacia si, me besó, mientras continuaba follando con ella, y me miró mucho rato, mucho, mientras se corría.








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