viernes, 16 de enero de 2015

Como la anticipación de algo de lo que no se consigue recordar su naturaleza.



A esa misma hora, Viktor F. Se reflejaba en el espejo de su cuarto de baño, sin verse, recortándose con cuidado los pelos que le asomaban de la nariz. Con la cabeza puesta en aquella sensación que llevaba días intentando hacerse presente, que le rondaba cálida y húmeda, sin ser capaz de determinar qué o quien hacía que su intestino se moviera dulcemente doloroso, tras el ombligo. Como la anticipación de algo de lo que no se consigue recordar su naturaleza.

Intutía , sin saber concretamente, porqué, que esa mujer de abundante pelo oscuro tenía algo que ver. Ella no le gustaba, pero quería, necesitaba, encontarse cerca para provocar sobre ella una mirada de perro apaleado , una actitud que delatara sumisión, como el vientre que los perros ofrecían cuando lo tenían todo perdido.

Terminó de acicalarse frente al lavabo y, desnudo, se contempló el perfil en el espejo de cuerpo entero, deslizó su mano hacia su pene que se mantenía tranquilo y suave, y la visión de una Bárbara descoyuntada, pidiendo piedad, le provocó una violenta erección que resolvió con el tiempo justo de llegar a tiempo a la clase semanal.