sábado, 28 de febrero de 2015

Realmente de qué estamos hablando?


El profesor intentó tomar contacto con la tierra sin conseguirlo del todo, de tal modo que sólo consiguió levantar levemente una mano, y un dedo índice retorcido, frunciendo el entrecejo, como si no se acordara de dónde se encontraba ni le importara lo mas mínimo _ y digo yo....._  ahora me señalaba debílmente, con un dedo como distraido, que señalaba a mi persona y a la ensalada que me estaba comiendo, por turnos _ yo debo asegurarme de algunas cosas que por lo demás me rondan por la cabeza desde entonces, yo necesito que usted me diga, si no le parece mal, por supuesto, cúales son sus gustos habituales, sus momentos de deleite, en qué consisten, porque estoy seguro que siguen una línea al final de la cual encontraré algo de lo que estoy buscando desde entonces.
Toda la mesa detuvo su cena y se me quedó mirando, el comedor entero atendió a la pregunta, el mundo completo paró su eterno girar a la espera de lo que yo pudiera decir, mientras el profesor continuaba agitando levemente su dedo agarrotado, mirando hacia ninguna parte.
_ …....., eeeeeeeeh........., eee...., no se.
La humanidad entera me miraba, esperando mi contestación, esperando algo.
Mi casera me miró como mira una madre que te ha pillado en falta _ contestale.
Miré hacia mi interior y busqué detrás de mis ojos, cerrándolos mientras hablaba.
_ los gatos...... atropellados...._ noté que el profesor de políticas, que se había distraído viendo el fútbol en la televisión, se volvía hacia mi, repentinamente interesado_ siempre imagino sus espectros andando por la carretera, subiéndose por los tejados, resucitados para siempre, doy la vida a todo lo que muere imaginándolo vivo de nuevo. Los descubro y les doy la vida, los echo a andar, semitransparentes, desorejados, medio pútridos, da igual, para que puedan continuar con sus cosas. Todos estamos en un lado o a otro de la linea. Lo único aque hago es traer a esta parte a los que pasaron al otro lado.
_ ¿y qué mas?_ seguía abstraido, mirando a algún lugar que yo no alcanzaba a distinguir y mi casera me observaba con un gesto indefinible.
_ pueeeees..., creo personajes, que llevan dentro una idea, alguna idea que me ha parecido atractiva en algún momento, y los hago seguir a esa idea, como secuestrados por ella, como si fuera esa idea la que maneja todo su universo, toda su fuerza, como si ellos no hicieran otra cosa que ser sus portadores.
Seguía esperando a que yo hablara.
_ Por la noche, cuando estoy acostada, imagino los montes en la oscuridad, y siento algo de pena por ellos, por su soledad, por su intemperie tan inevitable.
_ …...._

A pesar de lo absurdo de la situación, me pareció que merecía la pena implicarme en aquel juego desconocido, me despojé de todo mi pudor, y decidí dejar salir de mi todo aquello que fluyera gracias a mi abandono, exactamente igual que hacía cuando escribía.

_ ….....mirar dentro de las casas, por las ventanas, ver como la oscuridad desciende entre nosotros al atardecer, robarle a mi vecina el césped que ha cortado, tocarle las tetas a mis cabras, ver como se han cuajado los yogures, cerrar la puerta de casa por la noche, la cama suave cuando estoy cansada, sentir que mi hija respira en la habitación de al lado, ver hojas, ver verde, ver arboles, pisar algo de tierra, el olor de los tomates.....................
Continué un momento con los ojos cerrados, hasta que los abrí, otra vez en este mundo.


Todos me miraban._ ¿Alguien me puede pasar la ensalada?.....¿por favor?
Me tendieron la fuente, de la que me serví intentando no mirar a ningún lado, concentrada en mi plato, en las hojas de lechuga que iban cayendo, unas sobre otras, sin dejar de mirarlas, para no levantar la vista y enfrentarme con la expresión de todos ellos, que me miraban, lo sabía, como si me hubiera vuelto loca.

Caminábamos por la calle, a oscuras, camino de casa. Nuestros profesores se habían retirado antes que nosotras, y nos habían dejado tomando el último café en el restaurante. Paseábamos en silencio desde hacía un rato, escuchándose sobre el fondo de grillos, la gravilla crujiendo bajo nuestros pasos. Me gustaba, me había acostumbrado al frío de las noches.
Escuché un sonido que tardé en identificar, era mi acompañante, emitiendo un suspiro o un estertor, que la hacía doblarse hacia adelante _ Ya está_ pensé_ Estas cosas acaban saliendo por algún sitio_ fuí a por ella, intentando alcanzarle los hombros, porque estaba intentando sentarse en el suelo_ Acaban con nosotros, joder, tanto miedo, tanta injusticia, la puta crisis y los hijos de puta que la han creado, me cago en dios...., me cago en dios..._ cuando la tuve a mi altura le aparté el pelo de la cara, en medio de la cual tan solo atisbaba a distinguir una fila enorme de dientes, rodeando la negrura de su boca abierta..., y una enorme carcajada, absurda, inesperada, irreal y.........¡ contagiosa!, se estaba riendo, no, no se estaba riendo, se estaba desternillando, casi tirada en el suelo, apretándose la entrepierna del pantalón, la muy majadera, payasa, se estaba partiendo la caja amandíbula batiente, emitiendo sonidos ininteligibles.
_ ¡l... at...s at...p...ds!.........¡los gatos atr....p...dos!........¡los gatos atropell.........!_ y en cada intento lo daba por perdido, volviéndo a la carga, restregándose los ojos_ Pero.... ¿Tú has visto la cara que ponían........? AAAAAhhhhhh_ Suspiraba un poco y volvía a la carga _ ¿pero tú sabes la pinta que tenías diciendo todas aquellas cosas con los ojos cerrados en mitad de aquella mesa?. ¡Tocar las tetas de las cabras!..... pero si los de la mesa de al lado pagaron pitando y se fueron, pensarían, qué se yo, que estabas drogada, o abducida...._ Volvía a desternillarse, apretándose la tripa, completamente tirada en el suelo, no sabía qué hacer con ella_ AAAAAhhhhh....., y tu profesor...., se quedó un momento con ese dedito sarmentoso con el que te señalaba, suspendido sin saber si estaban borracha....., o te había dado un derrame cerebral....._ Continuaba tirada en el suelo, sin poder parar, hasta que, poco a poco, fui tomando conciencia de lo que estaba contando, de lo absurdo, de lo grotesco de la situación. No hubiera podido decir mas insensateces si hubiera fumado maria, y alli estaba yo, tan oronda, como la protagonista de una sesión de autohipnotismo, o qué se yo, soltando majaderías, y sentí aque se me doblaban las piernas, que la risa incontenible me dejaba sin fuerzas, y la foto de las caras de todos ellos, su expresión anonadada cuando terminé de hablar, no hacía mas que incitarme a reir mas y mas.

En aquella apocalipsis de alegría loca, tiradas en el suelo, como en una agonía, vi pasar ante mis ojos todas aquellas escenas que nunca hubiera soñado con contemplar desde la ventana triste, opaca de aquel piso de Madrid , desde aquella vida gris, de cuyo color no tuve constancia hasta que supe lo que era quedarse dormido debajo de un arbol. Y seguimos riendo, soltando todo ese lastre tóxico que poco a poco la civilización había conseguido que fuéramos ingiriendo, junto al humo de lo cigarrillos, al componente secreto de la cocacola, a la contaminación del aire, a la desigualdad humillante, al miedo al paro, a la explotacion, al abuso, a las noticias manipuladas, retorcidas, a la educación sesgada, a la cultura escamoteada, a la idea precocinada y subliminal de que la vida era eso que ibas llenando como podías en los huecos que iban quedando entre el ganar dinero y el gastarlo , y que una vez exprimido el sujeto, mas valía que muriera pronto para que no hiciera gasto. Eso aqui, en el primer mundo, del resto ni hablemos.
Con aquella risa, que era como un grito salvaje de liberación, se nos iba depurando el alma, quedándonos en blanco, como recién estrenadas, como en pelotas de nuevo, como hay que estar para poder vivir, si es que vivir, con mayúsculas, es lo que humildemente se pretende.







domingo, 22 de febrero de 2015

La caza




Bárbara había notado su placaje durante los últimos días, dirigiendo sus movimientos, conduciéndola a posturas absurdas, a gestos incontrolados, como te dirige la inercia en un vagón de la monaña rusa. Asi es que, aquella tarde de viernes que tomaba un café en el bar de Hans, mientras hacía tiempo para su clase, se descubrió pensando en Viktor F. De una forma un tanto desordenada y espesa, algo caliente y repugnante a la vez, como una aberración que deseamos en secreto. Necesitaba preguntarle sobre aquello que fluía hacía ya unos días, pero para ello tendría que darle pistas, le iba a pedir algo escrito, eso seguro. No dejaba de ser una especie de cacería silenciosa donde el cazador y la presa se esperan mutuamente, en una coreografía muda donde cuenta mas dónde te escondes que dónde te encuentras. La amenaza sorda del ataque por la espalda.


Viktor F. dejó de mirar a la pantalla en blanco de su ordenador. Frente a él, la enorme ventana de su estudio le ofrecía una espectacular vista de la costa y el puerto de Maelstrong que, sin embargo, tampoco veía, concentrado en buscar un modo de invitar a Bárbara a la fiesta de otoño sin que pareciera que le estaba pidiendo algo. Antes muerto que expuesto a una negativa de aquella española que taladraba con su mirada cavernícola, dejando bien claro, en cada gesto, que se podía comer a todos ellos y a su exquisita educación, como decían ellos, con patatas. Sin embargo, quería que asistiera a la dichosa fiesta. Necesitarba verla jugar en su campo, en desventaja. Un recóndito motivo le urgía a extender ante ella todo su esplendor de escritor de fama, los honores, el reconocimiento, la casa con el jardín entero encendido, hacerle bajar los ojos ante su nombre, de una vez.

Miraba el puerto sin verlo divagando deambulando por el laberinto de lo estéril .

Viktor se había ido quedando a oscuras, en la biblioteca y , al encender la luz del escritorio, las carpetas amontonadas en la esquina con los trabajos de sus alumnos le ofrecieron la solución.

Invitaría a la fiesta a los tres mejores trabajos, esa sería la excusa. Repasó los nombres que rotulaban las solapas, hasta que encontró dos que resultarían poco molestos, y abandonó el resto sobre la mesa.


Los espacios habitados por nuestros sueños, acaban convirtiéndose en alternativas a nuestra triste vida, poéticos avatares de nosotros mismos, en una realidad inalcanzable, insostenible, incongruente. Bárbara miraba por la ventana del café, sentada hacía rato en el mismo sitio, pero no veía cómo la calle se iba cubriendo de nieve, no veía la casa de enfrente donde se habían ido encendiendo las luces. El perfil de Kristin había ido tomando forma, según recorría su casa, a pesar del olor a moho, a pesar del deterioro producido por el abandono, a pesar del fregadero amarillento, el espíritu de Kristin, en su melancolía, en la soledad que Bárbara le imaginaba, en su impronta de animal asustado, similar a la que ella misma percibía a veces de sí, en el reflejo de los escaparates, tomaba cuerpo, para que su retrato se fuera haciendo posible, como reconstruir de un puzzle de cinco mil piezas con poca luz. Nada importaba, nada era tan reconfortante como el recuerdo de la manta de ganchillo sobre aquel sofá verde oscuro. ¿A quién le importaba que todo pareciera una majadería?

Pero la sensación era cierta, tuviera lógica o no, era cierta, y útil. Sabía que con ella seguiría escribiendo, como tocar una intuición que va y viene, como una melodía que se esconde de nuevo cuando nos parece que ya la tenemos.

Encarnar a Kristin para que pudiera recorrer las páginas como un personaje de este mundo no había sido difícil. Ubicarla, inventarla en el mismo faro donde había trabajado, como la habitante de una torre fortificada que era, como la princesa de los cien metros cuadrados que ocupaba aquella construcción, dotada del espíritu que ella misma ejercía en su devenir cotidiano. La luz que nos dirige, que nos orienta, que nos saca de la tempestad.

Bárbara construía en sueños el mundo donde sus personajes vivirían, dibujándolo durante los momentos inmediatos al sueño, como algo que fermenta y crece gracias a nosotros, pero también a pesar nuestro, a nuestro lado y a ratos ajeno, como el kéfir en la nevera.

Sabía, instuía mas bien que esa idea, esa sensación, necesitaba de los aperos de lo cotidiano para poder mostrarse en el papel. Pero sus personajes, por Dios, qué pedante le parecía pensar siquiera en esos términos, aquellos seres surgidos de su pensamiento iban tomando forma, teniendo voz, voluntad, un pasado, un porqué para sus actos, y se desenvolvían en espacios a veces comunes a veces inventados, a su alrededor siempre, acomodándose al espacio que ella iba creando con la naturalidad de unos invitados que se quedarían largo tiempo.

Así aprendió a ir escogiendo las caras, los caracteres, las voces, los lugares, los momentos, las luces, las sensaciones, las anécdotas, los recuerdos del pasado, los sueños, los anhelos, las filias y las fobias, los miedos, las pesadillas, los odios, las manías, en fin, todo lo que conforma el equipaje de un ser humano, para que aquella historia pudiera ser encarnada sobre el papel, para que ellos pudieran desgranar con sus actos la quimera que aquel día que estuvo sentada en la mesa de jardín de Kristín se posó sobre su cabeza: aquello que nos obliga a seguir las huellas de la creación de Frankenstein, la huella rectilínea y leve de aquella criatura en su incesante y despavorida huida del género humano. El eterno marginal, cruzado de cicatrices, de señales que le recuerdan que no es de este mundo, aunque tenga forma de hombre, aunque viva entre ellos, las señales que indefectiblemente te recuerdan quién eres, a pesar de tu aspecto, a pesar de tu entorno, como el ombligo recuerda a los delfines que son mamíferos, pesar de su forma de pez, a pesar de vivir entre ellos, como aquello que ha arrastrado a Bárbara a escribir, a pesar de su madre, de la mugre de sus primeros años, a pesar de la soledad, de su falta de formación, de su trabajo, algo, su ombligo, sus cicatrices, le recuerdan siempre quién es.


Aquel martes, ya casi anochecido, Bárbara estaba de pie, en medio de la cocina, frente a la ventana, leyendo por tercera vez la invitación recogida del buzón, con el gorro de lana y la bufanda puestos, el abrigo a medio quitar y el bolso todavía colgado del hombro: El Ayuntamiento de Maelstrom, se complace en invitarle a la fiesta de otoño que anualmente se celebra en el domicilio del reconocido escritor Viktor F, bla, bla, bla, bla, bla, en reconocimiento de los tres mejores trabajos literarios, obtenidos durante el curso de literatura al que asiste, siendo el suyo uno de ellos bla, bla, bla, se despide de usted muy atentamente, bla, bla, bla, bla.

Releyó el texto hasta cuatro veces, y cuatro veces volvió la vista hasta el destinatario donde constaba, en letras de molde, su nombre: Barbara Allende Allende.

_¿Mis resultados en el curso de literatura?_ Dejó la invitación sobre la mesa de la cocina y fué quitándose el abrigo_ pero si dejé la carpeta sin mi nombre _ Colgó el abrigo en el perchero y subió a su cuarto, a cambiarse de ropa,_ claro que ha podido deducir qué trabajo era el mio, por eliminación, pero reconocer que es uno de los tres mejores.........._ bajó a la cocina con la ropa cómoda de estar por casa, y comenzó a trastear preparando la cena, _ No me lo creo, por mas que lo ponga la carta, no me creo nada_ llenó de agua una cazuela, le incorporó un pellizco de sal y la puso al fuego_ Vamos a ver Bárbara, piensa con la cabeza, en el grupo hay profesores del instituto _ puso al fuego una sartén con aceite y un poco de harina_ de acuerdo que también asisten personas sin formación, pero menos que la mia....._ añadió pasta al agua hirviendo y leche a la harina tostada_ No me cuadra_ bajó el fuego de los macarrones y batía la salsa con una cuchara de madera, mientras espesaba_ si se lo cuento a Edna, enseguida va a empezar a ver segundas intenciones retorcidas, pero las ve en todo, ¿porqué iba a ser diferente en este caso?_ apagó el fuego de la salsa y agitó con la cuchara la pasta hirviendo, para que no se pegara_ ¿y si se lo digo a Hans?, no sé qué es peor. El sí que verá segundas intenciones, y terceras y cuartas, pero seguramente con mas base que Edna, todavía peor_ apagó el fuego de la pasta y la volcó en un escurridor _Por otro lado, ¿qué tiene de malo que alguien se acuerde de mi, por una vez en la vida?_ mezcló la salsa en una fuente de cristal, con la pasta, con hierbas picadas, con queso rallado, y lo metió todo en el horno, a gratinar_ pero ¿qué me creo?, ¿para qué se va a acordar alguien de mi?, y mas semejante personaje, No se acordaría de mi incluso si necesitase alguien para limpiarle la casa, y Ademas, es odioso, déspota y cretino _ se sentó en la cocina, mirando, sin verlo, el puerto de Maelstrom, iluminado como un Belén en la inmensidad de la Naturaleza que lo envolvía_ Lo único que le salva es que sábe qué hay que hacer para escribir.

Escuchó las llaves en la puerta de casa, Nina apareció como una tromba por el pasillo, tapada hasta la nariz con el gorro de lana y los mofletes rojos por el frio.

_ ¡No sabes qué día me ha dado mi compañera Monika!, no ha parado de presumir durante TODO EL DIA de que su padre irá a la fiesta de otoño INVITADO POR EL ESCRITOR VIKTOR F., por no se qué de algo que había escrito, HA SIDO INSOPORTABLE _ se plantó delante de Bárbara, todavía con la mochila en la espalda _ mamá....., ¿porqué llevas puesto el gorro de lana ?

domingo, 15 de febrero de 2015

Si no tuvieras miedo..¿qué harías?



Los dias siguientes se han convertido en mi recuerdo en un marasmo de sensaciones sin orden ni concierto, envueltas en la higiene mental de la ausencia de culpabilidades, parecida a la sensación de ponerse una camiseta limpia después de la ducha. He saltado la tapia de las convenciones, y, para mi sorpresa, no he caido al abismo, tan sólo al prado colindante.

Convertido el sexo en una actividad cuasi deportiva que no implicaba mas que una mínima coordinación de tiempos convenidos, mi cuerpo ha ido desperezándose después de un montón de años de someterlo a la disciplina de los compromisos.

Sara detecta mar de fondo por alguna partícula no adecuada en la forma en que Hugo me habla, o en la que yo paso a su lado, pero no sabe bien cómo interpretarlo, ni cómo abordarlo conmigo sin parecer una abuela resabiada.
_ Qué, sin novedades, verdad?_ me mira significativamente, y yo subo las cejas y arqueo hacia abajo los labios....mientras niego con muy poca convicción.
Se me queda mirando....no sabe si atreverse, y a mi me da la risa floja...._ Sara, por favor..., no me riñas por esto.
_ No, si no te voy a reñir, ya sabes tú muy bien qué es lo que pasa. El batacazo te lo vas a dar tú sola_ me mira como no conociéndome_ Pero cómo se te ocurre...tienes mas de diez años que él...., por Dios, parecería una travesura si no fuera una gamberrada...._ dejo pasar la tormenta sobre mi cabeza_ comprederás que me da igual con quien te vayas a la cama, pero te vas a hacer daño. Mira que intenté ponerte al día de lo de Olaf, por lo mismo, y ahora te metes tú solita en semejante jardín.
Me da la risa floja, no puedo parar, después de meses de apretar mandíbula, por fin me suelto, se me ablandan las piernas, lloro de risa, ante el estupor de Sara, que por un momento cree que me he vuelto loca, pero no, ella sabe que no, que sólo estamos intentando salir del terror, y me da un cachete, y me deja partiéndome la caja en medio de la cocina.

Durante aquellos días todo el mundo se ha convertido en un crisol donde yo me miro, desde donde encuentro diferentes gestos cuando intuyen mi relación con Hugo, a pesar de que, sin acuerdo alguno, se mantiene en el mas absoluto anonimato, a pesar de que sólo nos miramos cuando estamos en la cama, sin embargo algo debe flotar alrededor, algo que Olaf ha detectado, algo que tuerce su dulzura habitual en gesto dolido cuando se dirige a Hugo. Nunca pensé que él le gustase,  parece que nos vamos encontrando en cada recodo del camino en cuanto a hormonas, hay que ver.

Aquello consistía en estar todo el día con una leve contracción en el útero, con una permanente sensación de humedad allí donde desde hacía meses no había mas que la mirada de los gatos muertos de las cunetas.
Hugo se ha vuelto una imagen recurrente,  un gesto preorgásmico continuado, que se perpetuaba en mi cabeza, confundiendo la necesidad de saber de él que maldito lo que me importaba, con la urgencia de su mano caliente, o de su impetuoso vaivén.
Asi transcurre febrero, ajenos a la luz blanca y horizontal con que nos envuelve.
Y Olaf, se ha ido volviendo, con el tiempo, hosco, en contra de su dulce naturaleza, fabricando un castigo con el que se tortura y en el que me incluye, es curioso, siendo Hugo el responsable de todo este desaguisado.
Febrero ha pasado sin conciencia, sin principio ni fin, dejándolo todo movido, como un cuarto que se estuviera ventilando sin sentido del tiempo, entre urgencias hormonales y vientos que han cambiado de sitio hasta los elementos del paisaje.

Olaf se ha dejado ver muy poco por casa ultimamente. Y solamente disfruto de su compañía, tan necesaria para mi, durante las clases en la calle y los trabajos de acondicionamiento del local, al contrario que Hugo, que se pasea por mi persona casi con mas desparpajo que yo misma. Así es que peno por el mundo arrastrando esta especie de identidad parcelada que me ha nacido entre mis necesidades intelectivas y  hormonales, dedicándome a la complicada tarea de cubrirlas sin desmembrarme yo con ellas.

Y descubro a Olaf mirándome a veces....no se..., como valorándome de lejos...probablemente intentando entender qué parte de mí es la que ha hecho que Hugo haya cruzado de nuevo el puente, en vez de quedarse en la orilla desde la que él habría tenido alguna oportunidad después de la marcha de Rosario.

Y yo misma me miro, también de forma clandestina y perpleja ante el interés que alguien diez años mas joven pueda encontrar en los rasgos de mi persona. Y no acaban de convencerme las pragmáticas explicaciones de Hugo referentes a simbiosis, crisis relacionales, y demás zarandajas entre las que me encuentro permanentemente en inferioridad de condiciones.
Febrero va pasando, barriendo el universo a temporales, y yo voy aprendiendo a ser alguien insospechado. Descubriéndome en constorsiones sin mucha conciencia bajo las prácticas de Hugo, que se divierte a mi costa mientras me demuestra que soy multiorgásmica. Mientras me quita esa piel que me ha cubierto todos estos años, de europea blanca y burguesa con prácticas sexuales respetables. Aquí ya no entra la suegra a compartir verdades supuestamente universales, porque me he ido de la parte respetable del sistema y he entrado con él en la zona golfa, en los trios sexuales, en la duda ante la posible bisexualidad. ¿Hasta donde la garantía de la propia tendencia cuando otra mujer en la cama es capaz de excitarme?

El tema del trio fue algo largamente discutido, hablado, debatido. Sobre todo porque no era una idea que se me hubiera ocurrido a mi , y la propuesta por su parte me sonaba mas a terapia contra la burguesía que yo pudiera todavía arrastrar, que paso a la siguiente pantalla en aquello en lo que nos habiámos embarcado.

Después de tantos años de razonabilidad, de seguridades con respecto depende que, de falta de incertidumbres sobre cosas vitales, la última semana se había convertido en un volver a los quince, donde la sensación de vacío en la boca al escuchar Je T'aime Moi Non Plus en la discoteca donde el miedo a que alguien se acercara a pedirte un beso, el miedo a la sensación nueva, a la saliva fría y ajena, y el dolor sin remedio de ver que el objeto de tus deseos se morreaba con una veraneante de Burdeos, que había llegado la semana pasada. Otra vez, de pronto, treinta años después, la duda, el miedo, y también, qué demonios, la fascinación, por fin fuera garantías y seriedades, por fin la vida volvía a ser la aventura maravillosa de los quince años, donde poder esperar cualquier cosa al final de  la tarde.

Y en resumen, navegar en el miedo, miedo a decir si, miedo a decir no, miedo a disfrutar, a sufrir viendo cómo tocaba a otra, miedo, miedo, miedo, miedo....por fin algo real.

Fue un sábado
Había quedado con ellos en el local, que a estas alturas estaba prácticamente acondicionado para que albergar a nuestro visitantes okupas. Había acabado de comer, y llevaba unas herramientas que quedaban todavía en casa. Casi de noche, todavía los días eran extremadamente cortos y después de un ligero sol de mañana, había entrado temporal por lo que bajar hasta allí fue un recorrido lleno de viento helado, de ruido de ramas y olor a campo en invierno. Recorrí el borde del muro de piedra que acababa en la puerta del local. 
Dentro sonaba Savannah Beach .

Afortunadamente  hacía calor, Hugo había estrenado la salamandra que le bajaran unos vecinos dias atrás, y aquello, después de haber sido una ingrata nevera todas estas semanas, por fin, hoy se había convertido en un lugar absolutamente acogedor.

Escuché ruidos dentro, pero Hugo me dijo que Manuel no estaba, posiblemente se habían dado una tregua, un poco de tranquilidad después de la marejada que les envolvía ultimamente, y entonces apareció. Se llamaba Laura, y tendría unos diez años menos que yo. Al momento intuí que allí no estábamos de forma casual. Lo ví en la forma valorativa en que Laura me miraba, en la atención divertida que Hugo me prestaba, en la no se porqué sensualidad que de pronto me pareció que lo envolvía todo.

Nos sentamos en el sofá, junto a la estufa, al amor de la única lámpara que estaba encendida, y Hugo trajo unas copas y una botella de vino.

Un poco de charla intrascendente, y despues de un par de copas un devenir continuo de miradas mas o menos disimuladas, o provocativas, o todo a la vez, porque Hugo, sentado entre las dos, me acariciaba el interior de los muslos haciendo que me tensara dulcemente. Me besó repentinamente y mientras pude vislumbrar que acariciaba a Laura entre las piernas. 
 
Establecer un cuaderno de viaje para estas cosas es un imposible, como atrapar el ruido del aire, o un poco de niebla. Se que, en algún momento, aparecimos en el colchón, sin ropa y sin modales. Mientras hugo, echado, comía mi sexo, sentí curiosidad por el tacto de la piel de Laura, ella ya me estaba tocando por vez primera toqué unos pechos femeninos, y un abdomen, y bajé hasta su sexo, y estaba caliente y suave. Y busqué su clítoris, y me excité cuando la sentí gemir al contacto de mi mano. Noté a Hugo que me hacía girar de espaldas y por encima de mi me penetraba, pero antes colocó a Laura entre los dos, con lo que nosotras nos acariciábamos. Un juego y otro mas. A estas alturas Hugo me había hecho eyacular tres o cuatro veces y la caricia del clítoris se había quedado como un recuerdo, sabiendo que el orgasmo llegaría en cualquier momento. Fue después cuando se descabalgó de mi, y se acercó a Laura, dejándome momentaneamente fuera de juego. Fue como caer por una pendiente. De pronto no supe qué hacer, no supe donde colocarme, qué hacer. Para entonces él follaba con ella, la mantenía penetrada contra la cama, y yo desde fuera de ese círculo, ví como ella atrabapa toda su atención, sólo la miraba y la penetraba, y yo sentía que me iba por un agujero, que no quería estar más alli, sintiéndome morir de miedo, de soledad, mientras miraba su espalda moverse convulsamente.....hice ademán de salir de la cama, de alejarme de ellos, pero Hugo me agarró del brazo, sin dejar de penetrarla, me miró, me atrajo hacia si, me besó, mientras continuaba follando con ella, y me miró mucho rato, mucho, mientras se corría.